HISTORIA DEL PAPEL DE FUMAR EN ESPAÑA

EL PAPEL DE FUMAR.

COMPETENCIA ENTRE VALENCIANOS Y CATALANES.

El papel de fumar, también llamado papel de liar, es la fina hoja de papel

que envuelve el tabaco para formar el cigarrillo. Este es un papel de gran

calidad fabricado a partir de fibras escogidas, principalmente de lino y paja de

arroz, blanqueado actualmente con productos exentos de cloro y con una

pequeña parte de la superficie engomada. Aunque durante muchos años había

caído en desuso su utilización en librillos para liar cigarrillos a mano, no

bajando su producción pues se había extendido el cigarrillo comercial, en la

actualidad hay un florecimiento de este tipo de presentación, dado que el alto

precio de las cajetillas de tabaco, en gran parte por los impuestos añadidos,

han hecho que el público vuelva a liar cigarrillos a mano o con máquinas

caseras.

El papel de fumar surgió en España y a través de los fabricantes

españoles se fue extendiendo por toda Europa y, por antonomasia, a América.

A finales del siglo XIX las 266 tinas destinadas a fabricar papel de fumar

representaban el 35 % del total del papel fabricado en España. De ellas 213 se

concentraban en la Comunidad Valenciana y 33 en Catalunya. En el resto de

España había otras instalaciones dedicadas a este tipo de papel, pero no

alcanzaban un nivel de concentración significativo.

Las localidades catalanas (La Riba, Sant Joan les Fonts y Capellades,

especialmente ésta última) y la valenciana de Alcoi han sido y son

históricamente los protagonistas indudables.

A principios del siglo XX hizo irrupción en el mercado internacional el

papel japonés, pero sobre todo Francia se convirtió en la principal potencia en

el mercado mundial, puesto que la mayoría de fábricas francesas se habían

mecanizado anticipándose a las españolas.

En esta época se produce el declive valenciano a favor del catalán. En

1900 funcionaban en la Comunidad Valenciana 21 tinas y 80 en Cataluña.

Las fábricas de la Comunidad Valenciana reorientaron su modelo de

producción en función de la realidad del mercado interior y profundizaron en

la fabricación de papel para envoltorio de cítricos. Catalunya, en cambio

continuó apostando tecnológicamente pensando en la demanda existente en el

mercado latinoamericano, únicamente en La Riba y en Sant Joan les Fonts se

produjo un cambio parcial de modelo, centrándose la producción en la zona

de Capellades.

A pesar de ello en la década de 1920 todavía dominaba la producción

valenciana con un 54’5 % frente al 38’2 % catalán, si bien en la Comunidad

Valenciana se fabricaba en 22 empresas (7 en Alcoi) y en Catalunya en una

única empresa que, además, solamente fabricaba papel de fumar.

En 1930 la producción francesa era de 15.500 Tm (de las cuales un 80 %

estaba destinada a la exportación). Los fabricantes catalanes y valencianos

competían en el mercado internacional a través de la diferenciación del

producto, pues la ventaja competitiva del papel español no estaba en el precio,

sino en sus características.

Las marcas españolas eran tan importantes para conseguir el éxito que

fabricantes extranjeros llegaron a falsificarlas.

El papel catalán competía en los mercados de gama alta y media,

mientras que el alcoyano se centraba en la media.

Muchas empresas catalanas fabricaban papel de fumar sumado a su

producción principal, puesto que tras la introducción de las máquinas Picardo

en la elaboración del papel fino de escritura e impresión, se generó una

capacidad sobrante que se fue concentrando en el papel de fumar, dado que la

aplicación de esta tecnología en este tipo de papel fue tardía.

La estructura empresarial de la producción de papel de fumar en

Capellades fue concentrándose cada vez más en una única compañía: “Miquel

y Costas Hnos.” La especialización de esta fábrica en papel de fumar era

prácticamente absoluta, aunque elaboraba ciertas cantidades de papel de

escribir, diferenciándose de sus competidoras valencianas en la ausencia de

producción de papel seda o manila.

Miquel y Costas fue alquilando y comprando otros molinos y llegando a

formar un auténtico monopolio de la fabricación de papel de fumar en

Catalunya.

En 1914 adquirió una fábrica ubicada en Santa Coloma de Gramenet, la

antigua “Papelera Barcelonesa”, con una máquina continua especializada en

papel de fumar. Con el objetivo de reforzar esa línea y como muestra de fuerza

respecto al núcleo de Alcoi, en 1920 llegaron a adquirir (aunque de forma

efímera) una fábrica continua en Cocentaina.

En 1934 Miquel y Costas era ya la mayor empresa dedicada a papel de

fumar, con una producción de 2.000 Tm (18 % de la capacidad total de

producción española de papel), sumando a la calidad de su producto una red

comercial muy eficiente dominante en los mercados americanos,

especialmente en Cuba donde tenían la exclusiva y desde donde distribuían a

otros países latinoamericanos hasta que fueron estableciendo otras

representaciones.

Paralelamente, en el mismo 1934, en Alcoi se constituye “Papeleras

Reunidas, S.A.”, que agrupaba 8 fábricas y 15 máquinas con el 21 % de la

capacidad española de fabricación de papel de fumar (36 %), sedas (32 %) y

manilas y una plantilla de 1.600 operarios. La única empresa alcoyana que

quedó al margen de esta agrupación fue F. Payá Miralles (aunque creada en

Alcoi, con fábrica en Mislata), por voluntad propia.

En 1975 Miquel y Costas compró la fábrica de Payá Miralles y en 1986

Papeleras Reunidas cesó su actividad tras una prolongada crisis.

La hegemonía de Miquel y Costas (hoy “Grupo Miquel y Costas”) acabó

por imponerse también en Alcoi, donde en la actualidad la, en otros tiempos,

potente Papeleras Reunidas es un simple recuerdo.

Fuente: ANNA GABARDA SANTACRUZ. Libro “El Papel veintidos siglos de historia y ¿ni uno más?"

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